Oye, tú, quiero verte

Gabriela Cartol

3/25/2022 7 min read

Estoy sentada en la sala de mi casa después de haber tenido un día de esos en los que simplemente no debí salir de casa. Decido ir a YouTube, busco inmediatamente Round Table porque, pues, actriz, ja. Enciendo la tele de mi sala, busco y aparece «THR Full Oscar Director´s Roundtable». En esta mesa de discusión están Denzel Washington, Mel Gibson, Damien Chazelle, entre otros. Stephen Galloway, conductor de este programa, lanza la primer pregunta: When was the first time you fell in love with movies? ¿Cuándo fue la primera vez que se enamoraron del cine?

Llega el turno de Denzel y menciona la película Taxi Drive pero admite que nunca aspiró a actuar en películas porque creía que no veía a nadie que se pareciera a él cuando iba al cine.

Esto me voló la cabeza e, inmediatamente, comencé a escribir. Así, sin pensar ni juzgar el impulso. ¡Cómo era posible! Perdernos de un actor como Denzel Washington (de mis actores favoritos) porque en el sistema de Hollywood - que era la referencia de todo el mundo en su momento - no había cabida para los actores racializados. Por supuesto que este pensamiento me regresa a mi contexto actual, 2022, y resuena en mí. Entiendo perfecto a lo que Denzel se refiere. La importancia de la representación. Sus palabras hicieron un eco directo en mi historia personal y pensaba: ¿Cuántas personas prietas en México sentirán, pensarán y creerán que su talento, sus sueños o sus aspiraciones no tienen cabida en este país tan amado y sumamente esterotipado? ¿De cuántas actrices/actores nos perderemos? ¿Cuántas, cuántos ni si quiera lo intentarán porque no hay cabida para su físico? Me parece la cosa más ABSURDA, pues, la actuación radica, precisamente, en la representación de los SERES HUMANOS con todo lo que esto significa: cara, físico, complexión, mentalidad, idiosincracia, corazón, alma, entraña, complejidad, bueno, malo, perverso, santo, etc. Pero no, en las plataformas digitales y en la televisión mexicana, no hay cabida para la representación de seres humanos diversos. Hay solo espacio para los ESTEREOTIPOS.

Me gustaría compartirles una definición que me ha ayudado a entender los ESTEREOTIPOS vs ARQUETIPOS. Un estereotipo no es más que la imagen que tenemos de un determinado personaje o colectivo, en un ámbito en concreto, el cual reúne una serie de características que, aunque no siempre se ajusten a la realidad, CREAN EN NUESTRA MENTE UN MODELO, en muchas ocasiones; CLICHÉ O TÓPICO. Un arquetipo, por lo contrario, es un personaje que NO SE AJUSTA A LOS PATRONES ESTABLECIDOS y reinventa el estereotipo que teníamos del mismo, añadiendo nuevas características o modificando las que ya tenía. Por ejemplo, el noble y sensible ogro de Shrek es un arquetipo muy rotundo que cambia, por completo, el concepto de “ogro malvado” que el público poseía de los cuentos populares.

Yo nací dentro de la clase media, la clase trabajadora. Gocé de los privilegios de tener una madre visionaria, trabajadora, inteligente y amorosa. A los 3 años de edad manifesté mi deseo de ser actriz. Mi referencia, desde muy temprana edad, era, por supuesto, las telenovelas. Crecí en los años 90.

A los 13 años de edad, mi madre, a insistencia de mi padre, se fue a Inglaterra a estudiar su doctorado en Filosofía del Inglés. Allá voy yo también. Me traslado a Inglaterra con todo y mi deseo de ser actriz. Tomo la materia de Drama en Trinity Church of England High School. Comienzo a ver la televisión inglesa y, por primera vez, se abrieron mis ojos a otras realidades. Estaba viendo en televisión británica a actores que eran idénticos a mis maestros, a mis vecinos, a mis amigos, a la clase alta, media y media baja. Había representación multicultural y multirracial. Veía representados a todos con sus defectos y virtudes, desde el aspecto físico hasta el psicológico. Había una telenovela llamada «East Enders», llevaba 45 años al aire y con un rating continuo porque representaba la vida misma; porque los seres humanos tenemos esa necesidad de sentirnos identificados, de sentir que no estamos solos y de que no somos los únicos a los que nos suceden cosas. En mi México, en cambio, nos vendían lo “aspiracional”. Como ejemplo, pongo la telenovela "Marimar". Esta costeñita acapulqueña, interpretada por la actriz Thalía, que estaba lo más alejada posible de representar a una verdadera belleza costeña. Por supuesto, sumémosle a la historia que Marimar pasa de ser pobre - con cara percudida - a rica, blanca, con cara lavada. Por si fuera poco, conquista al galán rico cuyos problemas existenciales terminan al encontrar el amor. Estamos hablado de lo REAL (televisión inglesa) vs lo IRREAL (televisión mexicana). Ojo, estoy hablando de hace ¡20 años!


Regresé a México con 15 años. Cuando cumplí 17, decidí dejar Acapulco para mudarme al aquel entonces, Distrito Federal.
Primeras reacciones de mi padre cuando le dije que iba a estudiar actuación: “Piénsalo bien, es un ambiente muy feo, difícil...Tú, eres muy bonita pero no cumples con los estándares de belleza de las actrices que salen en televisión. Son altas, delgadas, rubias, blancas”.

Yo mido metro y medio, y soy, orgullosamente, prieta. No podía juzgar a mi padre. Lo que él decía era una realidad basada en esterotipos, creada por los medios audiovisuales. Aun así, mis deseos eran mucho más potentes que las "ideas" que la televisión nos había hecho creer a la mayoría de los mexicanos. Porque sí, aquello que consumimos nos termina, también, educando. Entro a uno de mis primeros cursos de actuación y el tallerista me dice: “tu tipo solo puede aspirar a hacer las chachas de las telenovelas”, refiriéndose a un despectivo cliché. Para nada se refería al trabajo digno de una señora que se dedica a la limpieza doméstica que, por supuesto, he tenido la fortuna de interpretar. Él se refería a la idea simplista, racista y clasista de la típica señora chismosa que hace el aseo, pobre y sin relevancia en la historia más que el de servir a sus amos, los ricos. El tallerista era un actor que se había rendido ante un sistema que decía que si eras morena(o) y/o chaparra(o) no podías aspirar a representar a una persona con un estatus socioeconómico mayor ni a un trabajo prestigioso. No. Ni siquiera podíamos aspirar a interpretar arquetipos porque las morenas y chaparras no eran representadas en la televisión, ni ricas, ni exitosas, mucho menos; inteligentes. Actualmente, les puedo decir que, efectivamente, mis primeros intentos de entrar al mundo de la actuación eran solo a través de personajes clichés. Sin embargo, continué.

Estaba, yo, en mi primer año de carrera cuando la cara de la hermosa y talentosa Maya Zapata iluminó la televisión en una serie llamada “Soy Tu Fan”. Fue la primera vez que pensé que, por fin, estaba viendo a Maya en otro tipo de personajes: era ahora la chica fresa. A ver, lo importante aquí no era ser la niña fresa de la historia sino que su color de piel no determinaba su estatus económico. Tampoco estoy diciendo que la clase social baja no sea digna de representarse, todo lo contrario. Los actores tenemos una responsabilidad de representar a los seres humanos y con ello invito a que rechacemos los clichés, esos son un mal social. Otra referencia, para mí, fue Paulina Gaytán en "Diablo Guardián", una sex symbol arquetípica contundente. La belleza de estas dos actrices prietas iluminaba la pantalla de mi televisor. Tengo la fortuna de conocerlas a las dos. Les puedo decir que, verlas ahí, abre un camino para que otras actrices prietas transiten por otro tipo de historias. Les puedo decir que salir del cliché en México ha sido una lucha consciente y constante que hasta el día de hoy continúa por parte de ambas.

En cuanto a mí, me preparé, estudié. Afortunadamente y, contra todo pronóstico, entendí lo que era la REPRESENTACIÓN. Comencé a abrirme camino en el cine independiente y a interpretar personajes arquetípicos y a alejarme de los estereotipos. Les cuento mi historia porque hasta el día de hoy, como dice mi querido Luis Alberti, no me he visto representada en los personajes que interpreto. No he visto a una chica de clase media, morena, chaparra, trilingüe que haya estudiado en Inglaterra, en Francia; privilegiada y con la capacidad de cumplir sus sueños. No, porque en México, si eres moreno, no puedes representar a lo antes mencionado. Si yo fuera un personaje, con estas características, sería interpretada por una actriz blanca. Eso se llama racismo. Hay un rechazo a aceptarnos tal cual somos, así, diversos. Hay un sentido de inferioridad implícito e impuesto por los medios de comunicación en nuestras hermosas pieles prietas. El racismo es creer que hay una raza superior a otra.

Por supuesto que el ser prieta también tiene sus ventajas. Al ser un país donde la mayoría somos morenos, también encontré en mi físico la belleza de interpretar a personajes profundos, marginales, ajenos a mi realidad - realidades dignas de visibilizar. Comencé a ver cine mexicano, desde lo clásico hasta lo oferta en cartelera/streaming. Comencé también a distinguir entre comida audiovisual chatarra y comida audiovisual nutritiva.

Hoy formo parte de Poder Prieto. Me siento acompañada, fuerte y dispuesta a contar mis propias historias donde mi vecina, mi maestro, mi doctora, mi madre, mi padre, mi mejor amiga, mi novio y más; se sientan identificados. Hoy tengo un sueño: deseo un cambio en las narrativas mexicanas porque las narrativas sí influyen en nuestra psique colectiva. ¿Qué le estamos diciendo a nuestro cerebro? ¿Qué ideas les estamos comprando a los medios? Y lo más peligroso, ¿con qué derecho censuran nuestro color de piel, nuestra preferencia sexual y nuestro físico? Hay que atrevernos a contar nuestras propias historias. Quiero que quede clara una cosa; no se trata de una guerra de blancos contra morenos, ni de quién ha sufrido más, no es una queja por ser morena. ¡NO!, todo lo contrario. Es una invitación a abrazar lo que somos, es una exigencia a que no se nos ponga en una caja por tener un físico determinado. Seas quien seas.

Hace unas semanas, compré la revista Life & Style donde pueden encontrarnos a Maya Zapata, Cuauhtli Jiménez, Yalitza Aparicio, Pepe Aguilar y a mí hablando de la importancia de la diversidad en la representación.

Sí, la falta de representación es una TRAGEDIA HUMANA.

Gabriela Cartol